Boletín APTM – N° 130 – Marzo 2026

Abr 7, 2026 | Comunicados

INTEGRIDAD

Boletin APTM 130

La integridad no es algo que se fuerza ni se aprende desde afuera, es una consecuencia natural del actuar del individuo, por lo tanto, cuando eres íntegro, tus acciones, tus decisiones y tu forma de responder al mundo surgen desde la coherencia interna, es el Ser y no en Ente el que se pronuncia, o dicho de otra forma, la verdadera integridad no depende de lo que otros hagan, sino de cómo eliges ser tú en cada situación y desde esa claridad, la responsabilidad aparece de forma espontánea.

Esto que más parece una declaración de principios o una introducción a la comprensión de la conducta de cada uno bajo o ante determinadas circunstancias (los hechos) o circundancias (el entorno), no es sino la manifestación más preclara de la actitud que es necesario asumir cuando tenemos el compromiso de dirigir una asociación como la APTM o un colegio profesional que se precie de representar los intereses de sus adscritos.

El ser sujetos íntegros como tales en el plano personal, se proyecta indefectiblemente al ejercicio profesional y como tales, al del servicio vocacional que nos ha convocado desde que optamos por ser lo que somos, así como igualmente lo hacemos en directo beneficio de quienes nos han designado para mostrar y demostrar ante la comunidad y la sociedad en su totalidad global, lo que hacemos en cada lugar de desempeño para con nuestros semejantes en el restablecimiento de su salud.

Consecuentemente, ejercer cotidianamente ya no es suficiente, menos aún en una época en la cual las exigencias con los avances de las ciencias y la instantaneidad de los acontecimientos se confabulan y conspiran contra los más elementales principios éticos, axiológicos y de probidad en la excelencia, por lo cual, el poder aplicar correctamente las competencias que cada especialización nos entrega, se convierte en una deontología fáctica, el deber ser íntegros, aquilatando la sabiduría práctica, el conocimiento vernáculo, la phrónesis (prudencia) o el sentido común (aunque sea el menos común de los sentidos) con la capacidad intelectual para proceder sensatamente en aquellas situaciones a las que nos vemos sometidos para una toma de decisiones que conlleven tanto salvar una vida como definir un proyecto societario.

Lo antes dicho no es teoría, sino la virtud de juzgar bien y encontrar el medio adecuado para actuar en el contexto real -es una especie de sabiduría práctica enfocada en el «saber hacer» a través de la experiencia- la cual se desarrolla con el tiempo porque no puede ser enseñada como una ciencia, es eso lo que nos transforma y distingue como profesionales íntegros, es la fuerza que nos motiva e impele para poder servir a los demás en los cargos que se nos han confiado por el solo placer de hacerlo e intentar dejar este mundo un poco mejor de lo que lo encontramos.

TM. Mg. JUAN CARLOS ARAYA
PAST PRESIDENT
ASOCIACIÓN PANAMERICANA TECNÓLOGOS MÉDICOS

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